Donde todos tenemos la misma edad, un viejo pelotudo que no sale de las redes sociales y tiene 20 años mentales. Un pibe amargo y agresivo, que está roto en una sociedad de rotos. En definitiva, lo que importa es consumir, somos parte del mundo infantil que más consume; nadie como los argentinos con el celular.
Entonces, a falta de Dios e ídolos en los cuáles creer y que se nos de una, todos los meses le rezamos a uno distinto a la vez que matamos a otro.

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