
Nos queda claro a los argentinos, en este país, cualquier elección política la gana el odio; es un camino sin retorno, no hay adonde volver.
Es inutil refugiarnos en las esperanzas puestas en gente con menos aura que progresistas disfrazados de árboles lgtvq+, fueron progres mientras les llenabamos los bolsillos con la de todos.
Las iglesias ya no son para rezar o llorar, sino para direccionar el resentimiento por medio de un electorado de creyentes, potenciarlo a través de redes sociales, volcarlo en las urnas, acrecentar poder organizando el odio y usando la fuerza represiva estatal a su favor como mano de obra barata servil.

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