Autor: José Antonio Muhando

  • Tiempo de fascismo argentino

    La violencia y el odio como ordenadores de nuestra sociedad organizada.

    Parece que descubrieron la pólvora algunos panelistas y periodistas, el fascismo es la idiosincrasia argenta al palo; un ejemplo entre otros: nos acompaña el movimiento peronista que adopta diferentes nombres a lo largo del tiempo, desde las dictaduras militares hasta el presente, donde sus voceros acomodan el relato de acuerdo a las coyunturas.

    ¿Qué es ser fascista en Argentina? Tener un cuadro de Benito Mussolini en el living de la casa, no, es anacrónico, ese fascismo europeo existió entre la primera y segunda guerra mundial.

    La verticalidad autoritaria que rige las estructuras partidarias es un buen comienzo para olfatear a los fachos, saber de qué hablamos cuando queremos mostrar la participación ciudadana en política; los punteros de las organizaciones sociales; sindicatos; el entramado de la familia judicial, esa Cosa Nostra detrás de la ley; la representatividad de los legisladores independientes de los ciudadanos que los votaron, respondiendo a intereses ajenos al Bien Común; el Partido Único Estatal abocado a sus propios beneficios; el Estado inmenso y corrupto que impone las reglas del juego democrático; el sector privado prebendario de recursos públicos, colgado del bolsillo de todos; la sociedad doméstica y servil que se identifica con el Mandamás del momento; la cultura ideologizada bajo la hegemonía de un pensamiento único; el cristianismo del Dios de la gente buena, normal, heterosexual, blanca, trabajadora.

    Todo lo dicho, dentro de la ley, fuera de la misma nada; es decir, todo dentro del Estado. ¿Alguna duda? FIN.

  • ¡Vamos por las veredas, carajo!

    Qué le diría a ese empleado o funcionario público que fundamentalmente cumple sus deberes y funciones en contacto con la gente, en la calle; a la vez, válido para los demás.

    Con ser reproductores de la normalidad impuesta, alcanza y sobra, ya tienen justificado el sueldo; pero si la domesticación de la que forman parte les pesa demasiado, es mucho tiempo que vienen en la rutina de transmitir, ejecutar, cumplir, disciplinar, soportar, renunciar, asimilar…; entonces, hay que hacer algo para no terminar en la de siempre: esos jubilados o retirados, que patéticos mendigan atención y consideración del Sistema, habiendo sido muchos de ellos sus soldaditos más serviles, partícipes necesarios del devenir de la decadencia actual.

    ¿Cómo actuar sin caer en el delito? Por cuanto demasiada gente habla, promociona, instiga, difunde ideas…; pero cuando te las tomas en serio, miras alrededor tuyo y estas solo, aparece la Justicia que nunca vimos a justificarse. Lo apropiado es exagerar, sobreactuar lo normado pasiva o activamente, de un lado y del otro; ir más allá del deber en el cumplimiento del deber, que caiga con la evidencia de los hechos el cinismo generalizado de los que fingen demencia, porque en cualquier momento les toca a ellos o se ven pisoteados por sus mismas convicciones.

    Al final, están las urnas para los cobardes de cualquier ámbito (público o privado, oficialistas y opositores), allí pueden sumar al Bien Común; nos ayudan. La política entiende muy bien esta cuestión, primero les meten miedo de algún modo, es el combustible que moviliza la existencia doméstica; el voto permite que se animen a mostrar su descontento, temores, prejuicios, intereses propios y no ser descubiertos…….

  • En nombre de la libertad, gracias docentes

    Un docente enseña lo que aprendió. ¿Acaso podemos dar lo que no tenemos? Porque supuestamente lo que fue bueno para él o ella, será bueno para sus alumnos.

    Quienes tenemos memoria y no sentimos vergüenza de lo que fuimos, sabemos bien de qué lado estábamos cuando la mayoría absoluta de maestros en Argentina se pusieron la gorra para sostener una cuarentena eterna, durante la última dictadura sanitaria; promoviendo el cierre de escuelas, el confinamiento de niños, la persecución y demonización de la juventud.

    Les debemos bastante los libertarios y el actual gobierno nacional de la Libertad Avanza, gracias a ellos muchos jóvenes despertaron al llamado de la libertad. El encierro los empujo a una salida, la arbitrariedad y el abuso del poder instituido fue imperdonable, con la justicia inoperante y cómplice de esa violencia organizada quedo al descubierto el Estado de corrupción en beneficio de unos pocos…; todo llevo al presente libertario que tiene Argentina.

  • El relámpago de las fuerzas del cielo

    No solo encandilo a la mayoría del pueblo, encegueció a otros e irrumpió partiendo al medio el statu quo de la vieja política, del sistema jurídico-económico, sacudiendo a la sociedad organizada fallida de los incluidos, que hablaba de un cambio haciendo lo de siempre.

    El partidismo político, las instituciones, todo el andamiaje estatal y gubernamental; no alcanzan con sus dispositivos de poder en asimilar lo que ocurre y hacerlo funcional a los intereses acostumbrados, bajo los visos de legalidad de un Estado de Derecho.

    Incluso, están quienes se cuelgan de la moda libertaria y no faltan los que se presentan como lo novedoso, enarbolando banderas de la libertad, y no la ven; son lo viejo con ropaje nuevo, les falta el conocimiento rápido receptivo, allí donde alumbra el refucilo; no pueden elaborar un discurso político ni una estrategia política de acciones que rediman las injusticias que afectan a mucha gente desde toda la vida, en un país devastado por la corrupción.

    Seguimos en la temporalidad acostumbrada y muchos van a volver a lo predecible, «a la sarna con gusto no pica»; de pobreza para todos y todas, a la envidia organizada estatal como ideología política que desacredita la existencia humana de la excelencia.

  • Nunca es tiempo para morir

    Sin embargo, «hay que saber morir a tiempo», una expresión bien antigua, muy tenida en cuenta por los estoicos.

    Están quienes prefieren quedarse en la vida un minuto más, sin importarles dar lástima, sobrevivir de la compasión y ayuda de otros. Solemos en tal sentido escuchar a muchos, «antes de terminar siendo un viejo que, como niño, se caga, se mea, hay que limpiarle el culo y bañarlo…….; me suicido»; obvio, somos de mucho palabrerío, la cuestión que llegado el momento son muy pocos los que eligen morir, irse de la vida cuando ésta se torne insoportable o una carga para los demás, sin importar la edad o condición social.

    Desde ya, se entreteje en lo manifestado precedentemente, que una vida se ve al final, como llega a ese final; este asunto es relevante y nos dará para un escrito ulterior.

  • Estado o Libertad

    Decía Nietzsche, «donde termina el Estado, comienza la libertad»; la cuestión está lejos de resolverse en países como Argentina, donde la Democracia para no pocos es el Estado presente en todos los ámbitos de nuestra vida social, administrando y generando vínculos de poder.

    «El Estado somos todos», «la Patria es el otro»; obviamente colgados del bolsillo de los demás, en una política autoritaria con visos de legalidad que se impone en beneficio de una casta que obtiene sus ganancias a costa de los recursos públicos.

    De ahí que no coincida con el presidente Milei en la disyuntiva de «kirchnerismo o libertad», por considerarla coyuntural; la grieta fundamental es entre quienes se han quedado en la inmovilidad de un sistema que le asigna a cada uno su lugar, rol, identidad, profesión, negocio y el éxito asegurado de algunos; frente a los que avanzan movidos por las inquietudes humanas de crecer, progresar, cambiar, trabajar, superarse.

    Los reaccionarios se niegan a pensar, en eso son peligrosos, lo rancio de posturas que insisten en permanecer y pertenecer a la «Normalidad» de quienes gozan del visto bueno del Sistema; sabemos que esto no necesariamente responde a clases sociales, ideologías o aptitudes, sino a esa mentalidad cerrada en sus propios intereses que echa mano de los mecanismos institucionales para garantizar sus privilegios sobre los demás.

  • Parresía

    Parresía

    Una palabra que no se menciona en la actualidad, es de origen griego, bastante antigua, se la suele traducir por «hablar libremente».

    En realidad, muchos conocen lo que significa «decir la verdad» en un contexto adverso, no favorable, donde arriesgamos algo.

    Obviamente, estamos en Argentina y nos hablamos todo porque resulta gratis, no hay mayores riesgos que una carta documento, denuncia penal, el bolsillo que tiembla en un juicio civil. Si estuviéramos en Rusia que te dan 20 años de cárcel o te asesinan, por expresarte políticamente desde una verdad contraria al régimen de gobierno, ahí sabrías en carne propia lo que es parresía.

    Padecerías al poder en tu cuerpo, el mismo cuerpo que hace patente la verdad que decís, por cuanto le ponemos el cuerpo y enfrentamos al poder de esta manera; solos, con todas en contra.