Autor: José Antonio Muhando

  • ¿Es esto realmente así?

    Como llegamos a ser lo que somos, carburar en nuestra capocha, en los términos que lo hacemos; la comodidad emocional de aceptar vínculos, causalidades, coincidencias, sin detenernos a pensar dos minutos. Lo fácil está en la mano y nos acostumbramos a eso, ayuda a explicar el mundo; somos esa clase de personas ante cosas (contextos, eventos) que aparecen, se juntan y las unimos de determinada manera.

    Quizás con sentarse a hablar y escucharnos, comprendamos que hay cosas que no tienen sentido; el odio y el resentimiento que desplegamos hacia otros nos hace muy vulnerables, perdedores.

  • Zona roja

    Un loco siempre esta armado hasta los dientes, literalmente es así y lo esta en diversos modos. Los contratos implícitos o no, que solemos tener con los demás y abundan rehenes de otros; el choque resulta inevitable, allí donde el mundo banal de algunos manosea lo que nunca debería haber tocado, la dignidad de las personas.

  • El club de los que la ven

    Posta, te levanta el ánimo, estar entre providas probalas, liberales libertarios, profesionales, «gente de bien», proteccionistas de animales, empresarios, juventud……; en otras palabras, gente linda. Ves unas diosas que te hacen sentir que formas parte del grupo de iluminados, Budas.

    No sé, quizás mis años, venir de otros tiempos, no cierra el Relato…; cuando aporrearon a Don Quijote de la Mancha en el suelo, aquellos presos que había liberado, quedo claro que no necesariamente la liberación esta unida a la libertad; el que más duro le pego fue un estudiante, bien leído, gran hablador, dejando en evidencia que esto de la libertad de expresión en manos de intelectuales unidos a delincuentes, no termina bien.

  • Hay algo ahí

    No son solo esos perros galgos. Tonos de voz, miradas, silencios, algunos gestos; señales de que no les llega agua al tanque, cierta locura en su expresión los delata. Más común de lo que creemos, interactuamos con personas de esta índole. Nada malo, sino detalles que pueden tornarse relevantes en situaciones especiales.

    He visto como en política los usan demasiado, Santa Fe me sorprendió al respecto, un manoseo de las discapacidades mentales que puede resultar peligroso y de consecuencias impredecibles. Algunos subestiman demasiado a estas personas, por ignorancia o prejuicios.

    Ellos también tienen olfato, son observadores de infinitadecimales evidencias que buscamos disimular, las cuales involuntariamente nuestro cuerpo muestra de algún modo.

  • BTK Fernández Sagasti

    Los argentinos de a pie siempre la tuvimos clara, todos estos sacerdotes payasos de la política sacrificial que a la hora del sacrificio no se arrojan al fuego, nunca nos representaron; no importa si hablan de Libertad, Patria, Revolución o Socialismo.

  • Hikikomoris argentos

    Algunos los conocemos de hace tiempo, son Ninis, ni esto ni aquello, ni estudian ni trabajan ni nada, vegetan en sus casas porque tienen unos padres que los bancan o el Estado con su maquinaria de sometimiento en condiciones de existencia precarias; similar a los estudiantes de las universidades públicas, gratuitas e inclusivas que supuestamente tenemos, donde difícilmente encontres un pobre que necesita sobrevivir yendo a superarse intelectualmente.

    De ahí que, el sistema genere cierto tipo de personas a los cuales brindarles servicios, venderles algo, armar un negocio alrededor de ellos, usarlos como modos de existir sujetados.

  • Qué chances tengo para ser un estúpido

    Depende. Gendarme en una ruta, con cinco minutos de poder, ante bolivianos inmigrantes, flojos de papeles, que no los veras otra vez; cago a uno, a otro y reitero la jugada, me lleno los bolsillos o mi ego siendo un déspota.

    Pero se trata de tu vecino, quizás alguién de la ciudad donde vivis; si me porto bien con el mismo es probable que cuando necesite algo este para ayudar; lo contrario no pinta bien a futuro, porque no está en nuestras manos saber las cartas que tiene el otro y como las va a jugar para vengarse de lo que le hicimos.

    Esto es muy simple, pasa en la vida real y cuanto más interactuamos con alguien en diferentes ámbitos, puede fallar en uno, pero lo conocemos en otros….; cambia como el día a la noche cuando estamos en una red social de internet, ahí todo se reduce a puntuales apariciones, en una visión de túnel donde un HDP está en su salsa y abundan las malas sorpresas.

  • Nos olvidamos de cazar

    Todavía y Nadie salieron a buscarlo. Hemos naturalizado esta violencia porque miserablemente somos violentos, nos molesta la violencia de los denominados «malos», cuando daña intereses propios, viene de los que no son de nuestro palo, quienes no están en la vereda de los autopercibidos «gente de bien».

    Este tipo de violencia en determinados contextos, grupos, organizaciones, estructuras, comunidades, partidos políticos; es bienvenida, tiene buena recepción, se festeja y promueve. En definitiva, hay violentos que son premiados, condecorados, tienen renombre, ocupan cargos, la gente los vota, son referentes de otros.

    Cuando los buenos se juntan, son buenos para linchar, quemar y crucificar. Esta violencia no es mala.

  • Justicia social

    Tenemos a cada vez más pelotudos dando clases de moral, levantando banderas de libertad cuando ellos nunca fueron libres ni tienen la valentía para serlo.

    La desigualdad social, además de ser un hecho, es una construcción mental de quienes nos creemos libres y no lo somos. Entonces, aquellos palestinos entre los escombros o los pobres marrones de la calle que buscamos eliminar, son productos que justifican lo bien que estamos siendo tratados nosotros.

  • Mentirnos

    Ayuda y mucho, a sí mismo, también con los demás. ¿Qué decirle a quién no le fueron bien las cosas, porque lo que hace no lo hace bien y es muy probable que nunca lo haga bien?

    Incluso, evitamos con nuestra franqueza admitir la existencia de otras personas que no están en la vida para aportar algo creativo, producir buenos resultados….; sin embargo, es lo propio de algunas naturalezas humanas. No estamos aquí para condenar, menos aún, elogiar a quienes no se han ganado por ellos mismos lo que tienen ni lo que son; todo es mentira en cierto sentido.