Autor: José Antonio Muhando

  • Que no nos gane la violencia

    Fue siempre mi pedido, grito de auxilio, llamado de atención con respecto a los violentos y supremacistas que se nos colgaron de las banderas libertarias en Argentina.

    En el partido libertario de Santa Fe lo pude vivenciar en primera persona, se tradujo en decepción; se impusieron sobre la militancia y la lucha decente de algunos; ganaron con dinero, astucia y violencia. Gente que terminó empoderada en la estructura partidaria, cuyos valores están alejados del modo de ser de los hombres y mujeres libres que militamos libertad.

  • Francotiradores, peine o jabón

    Cuando vemos lo que comes vos trabajador y lo que se comen los sindicalistas; ahí te das cuenta que los narizotas hicieron de la política una nobleza hereditaria de privilegios, buena vida y regímenes especiales de impunidad para hacer lo que quieran.

    ¿Como paramos esto? Si los grandes patriotas, pinochos de la revolución y próceres argentinos fueron siempre gente con dinero, poder; actualmente, tu pobreza y la de millones no garpa; a lo sumo, servirá para ensayar, experimentar en el puente hacia el superhombre: necesitaremos manos, cuerpos, órganos, para diseñar al hombre del futuro.

    Pero tenes sentimientos (que solo a vos te importan). Sos de los rotos perdedores que tienen corazón y es mala idea guiarse por el mismo en estos tiempos. Todo indica que quienes son capaces de poner a prueba la realidad son los aptos para superar la vida tal como la conocemos.

  • Se las podes fumar

    No les importa tus palabras, el palabrerío de instituciones, leyes y la moral testimonial de víctimas, débiles o boludos en recuperación.

    La humanidad que suponíamos no existe, avanza la crueldad sin escrúpulos de los que hacen lo que hay que hacer porque ellos así lo deciden. FIN.

  • Donde los nazis pasean con sus hijos

    No son Netanyahu, pero viven mimetizados con ellos, hasta que un detalle los delata, se enojan y pierden, destilan odio sin necesidad; acostumbrados a salirse con las suyas, hacen de la política algo personal.

    Tienen familia, están entre nosotros. El que las hace las paga y hay veces las paga un inocente.

    ¿Cómo esconderse en estos tiempos? Aristóteles de la prudencia tardía que quieren pasar desapercibidos como filósofos del silencio, no saben no contestan; es tarde.

  • Demencia colectiva

    Todos sabían que era un homosexual reprimido, drogón, infeliz, amante de los perros, violento, un loco artisticamente no valorado, odiador serial de comunistas de la peste roja, nacido póstumo, incomprendido, racista vegetariano, enfermo, con pareja alquilada, no sabía nada de nada y como farsante llevo al país a los escombros de la derrota; sin embargo, no fue presidente por casualidad, los alemanes en la hiperinflación lo votaron y su círculo más cercano en un silencio a voces conocían.

  • ¿Por qué soy médico?

    Para aliviar el sufrimiento de algunos, además de ganar dinero; quizás esto último en el orden de prioridades, en palabras sencillas: no es la pastilla que receto lo que hace de mi un profesional de la salud.

    Actualmente, la depresión es el plato principal del menú en la vida de mucha gente, que se han vuelto muy hábiles en vivir interactuando cada menos con los demás. Paradójico, pero real, importa no solo lo social, también tu historia personal; venis a verme, tengo 5 minutos, ambos comprendemos la mentira que esto significa.

  • Teoría del reconocimiento de la libertad

    Llegar a viejo, tener que pedirle permiso a tu hijo o nuera, para fumarte un cigarrillo. Se ve ese final en muchos que hoy tienen a sus hijos como propiedad privada, el día de mañana les tocara la misma suerte; nunca entendieron de libertad ni la respetaron en los demás.

    Por eso, no dejo de sorprenderme como hacen política los nenaziss del presente; prometen libertad cuando te pongas a laburar y regreses a casa a pegarte una ducha.

  • La otra Santa Fe

    No todos vivimos en la misma ciudad, parece que no vemos el aumento de gente en situación de calle, de todas las edades, la presencia de mujeres resulta notorio en comparación con años anteriores.

    Dormir a la intemperie es literalmente devastador para la cabeza de cualquiera, la supervivencia se vuelve muy frágil; desamparo, violencia, delincuencia, problemas mentales y adicciones.

  • Entre mil finales, 999 terminan mal

    Se agota este tiempo sádico, el dolor de mucha gente no le da cabida a una violencia estúpida, subordinada al poder. Nuestra capacidad de sufrir ha perdido sentido.

    La necesidad de muchos en creer sin saber que es lo que quieren, mantiene vigente a una clase política de chantas; pronto estaremos en otra, Argentina donde en media hora somos algo distinto, pero en otras, trescientos años no son nada.

  • Cultura caníbal

    Donde todos tenemos la misma edad, un viejo pelotudo que no sale de las redes sociales y tiene 20 años mentales. Un pibe amargo y agresivo, que está roto en una sociedad de rotos. En definitiva, lo que importa es consumir, somos parte del mundo infantil que más consume; nadie como los argentinos con el celular.

    Entonces, a falta de Dios e ídolos en los cuáles creer y que se nos de una, todos los meses le rezamos a uno distinto a la vez que matamos a otro.