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  • Señoras de un marido

    Seguimos creyendo que somos libres porque las leyes así lo disponen, la Constitución Nacional garantiza; en definitiva, somos ciudadanos, colegisladores de las leyes que obedecemos y al obedecerlas nos hacemos libres; una idea kantiana para republicanos de la sanata. Estamos en Argentina, donde el que las hace las paga y la viven pagando los que menos tienen porque las condiciones materiales de su existencia son de dependencia, subordinación, falta de libertad.

    Nada de luchas que incendien las cosas, conquistas que impliquen cortar cabezas, palabrotas gastadas del pasado. La libertad es una prerrogativa que nos dan si nos portamos bien, una suerte de concesión o premio, supuestamente nos levantamos libres todos los días para hacer los quehaceres domésticos de la semana y es suficiente.

    Después tenemos la libertad de los que eligen ser siervos del Señor, peones del más fuerte, hijos de Dios por toda la eternidad.

    Vayamos al grano, lo que viene con nuestro chip de supervivencia, que nos hace estar donde estamos: el derecho a existir sin pedir permiso ni darle explicaciones a nadie. FIN.

  • La libertad por delante

    Apología de Sócrates, un texto de Platón. Nos muestra a Sócrates preso, esperando su sentencia de muerte, con tiempo libre para charlar con sus amigos que fueron a visitarlo; la libertad comienza así, con tiempo libre; paradójicamente en la cárcel.

    Pero vayamos al otro Sócrates, Jesús que acepta lo que dispone la ley, morir crucificado.

    Ambos, después de más de 20 siglos están vigentes y marcan la agenda de no pocas vidas. Tienen en común que eran hombres libres, hicieron lo que tenían que hacer, decidieron libremente sus vidas y el final de la mismas. Eligieron lo que era justo independientemente de todo, con autonomía, más allá de su propia humanidad (el superhombre nietzscheano, el dios aristotélico).

    Jesús pudo haber sido el hijo de Dios y salvarse del martirio, Sócrates huir ya que era un filósofo renombrado de la polis griega; nada de eso sucedió. No se trata de que uno era griego, el otro judío, existiendo en determinadas épocas…. La libertad no es el producto o consecuencia de una sociedad, cultura, género, normativa, religión; no es efecto de ninguna índole.

  • El chiste argento de los que viven en el exterior

    Los argentinos que viven en el extranjero no deberían condicionar la vida cotidiana de quienes sí viven en Argentina. Nosotros estamos aquí, no nos fuimos, trabajamos, pagamos impuestos, apechugamos la diaria bajo gobiernos que juegan nuestro destino; ellos no.

    Fue patético lo sucedido con el Covid, por dar un ejemplo entre otros, el voto que emiten en sus lugares de residencia también incide. Argentinos que viajaron al exterior, como quienes residían en el mismo, nos trajeron la cepa original, la variante Alpha, Delta y otras.

    Cuando se puso fea la situación pandémica en Europa, se les envió un avión para poner en resguardo a profesionales de diversas ciencias, los buscamos y los trajimos gratis (léase, con los impuestos y la pobreza de muchos argentinos) a que se acovachen transitoriamente en el país hasta que pase la tormenta, donde supuestamente venían a salvarnos desde vidas superadas del primer mundo y específicos conocimientos. Un Circo, la ciencia argentina a lo sumo fabrico un barbijo y no te protegía del virus.

  • Esas cosas de libertos

    Cuando vemos en los hechos, algunos autodefinidos «libertarios liberales» hacer alianzas con cualquiera cada vez que suceden elecciones, incorporando actores de la vieja política; es obvio, no hace falta darle vueltas al asunto, esto erosiona la confiabilidad, lo autentico de cualquier proyecto libertario.

    Las ensaladas con fines electorales y los puristas con viejos perros cascoteados que ya conocemos, son un fiasco a la voluntad de los ciudadanos y su representatividad.

  • Esa cabeza formateada con la nuestra

    Es común encerrarse en uno, entre fantasías e ideas conocidas que consumimos asiduamente, como si fuera un big bang mental que ha llegado a su fin, donde parece que se ha enfriado todo y queda más de lo mismo.

    No es la muerte, es una forma de esquivarle a la acción y el compromiso por algo, resulta más fácil respirar, seguir en la de siempre modo «piloto automático».

    Lo complicado de este estado existencial es que perdemos la libertad real al encerrarnos en nuestro mundo, que en definitiva es un «yo» hecho de cosas no dichas o diluidas en un lenguaje evasivo de verdades; en otras palabras, no queremos ser nosotros mismos.

  • La libertad de los primeros

    En los siglos III y IV, los desiertos en Medio Oriente se poblaron de eremitas cristianos, quienes se alejaban de los centros poblados a vivir en soledad, silencio. La libertad comenzaba por darle la espalda al sistema que los usaba, en el caso de los más jóvenes, en ser reclutados compulsivamente como soldados romanos; pero también a la población en esclavos de una vida de trabajo duro, impuestos, precariedad, donde los que acumulaban riquezas y concentraban poder eran unos pocos.

    No solo tenía un trasfondo religioso, la fe no se andaba con medias tintas, lo uno o lo otro, Dios o el mundo; existía un espíritu de liberación al conocerse a sí mismo y saberse fuerte, logrando un estado de indiferencia, autonomía ante las cosas y los demás, independencia frente a las instancias de autoridad, desapego al perder el miedo a perder.

  • No es justo que vivas del laburo ajeno

    Cuando vemos el Congreso de la Nación Argentina y en Legislaturas Provinciales, quienes arriban a representarnos, tarde nos damos cuenta, el pueblo es el último en enterarse a pesar de ser el primero en votarlos.

    Describir la fauna legislativa que venimos siendo es más de lo mismo.

    Veamos algunas de las nuevas adquisiciones sin identificaciones partidarias, con el tinte religioso de moda. Nacionalistas de productos importados que hacen turismo en Tierra Santa, cristianos terraplanistas, lectores de horóscopos, seguidores de videntes en redes sociales; en su mayoría aplaudidores y levantadores de la mano en una Escribanía de lapiceras de lujo.

    No ir a votar es la mejor idea, esta gente no representa la libertad de los ciudadanos, están para obedecer, ponerse de acuerdo en sus privilegios y vendernos un show cuando sesionan.

  • Domando la soledad

    La soledad nunca tuvo buena prensa, porque siempre se la busco domar; cualquier gobierno, Régimen autoritario, Estado, el Mercado, tienen como principal preocupación la soledad de los individuos, por cuanto desde allí pensamos y lo hacemos por nosotros mismos. Excepto cuando tienen que ser más directos privándote de la libertad.

    Esta preocupación política, lo es también de las iglesias, mucho más tecnológica con la manipulación algorítmica de las redes sociales en la web.

  • Libertario, no mileitario

    Parece que no quedo claro, hay que decirlo y repetirle a los creyentes que piden más. Libertario, no mileitario. Apoyamos y votamos a nuestro presidente, pero no tenemos un altar del mismo. Esto es una Democracia.

    Sostenemos nuestras libertades individuales por la vida que somos capaces de llevar en Comunidad; no lo define que otros presidentes hayan sido o no, como él, dirigentes políticos del presente o los que vendrán.

    Experimentar una ereccion por narrativas politicas monotematicas y reiterativas, hace al masoquista esclavo; no es de hombres libres. Cansan.

  • Guetos políticos del odio

    Vivir en ciudades como Santa Fe, Rosario, CABA, Paraná…; típicas del centralismo porteño argentino, donde las botas y el bigotito están presentes en cuanto sociedades verticalistas; he visto fuertes subculturas del tachado, la cancelación, autoritarismo; difícil de erradicar, es una práctica política propia de nuestra idiosincrasia argenta.

    Bajo el rotulo de zurdos, comunistas, progres, kukas, gorilas, fachos; te marcan, terminan ubicándote en un gueto para después subirte al tren del odio y la violencia organizada. Hoy son estos, mañana serán los otros; engloban a personas, gente de nuestra comunidad, vecinos; en un combo discriminatorio, señalado como los malos e indeseables, frente a los buenos e inteligentes que son ellos.

    Algunos autodefinidos «libertarios liberales», que de libertarios liberales no tienen nada; responden activamente a esta lógica perversa.