Reitero un tema preocupante, la liviandad con que se habla de libertad, haber hecho de la misma una moda nos juega en contra; reducirla a la cuestión económica es otra aberración, como si todos los comerciantes que vemos fueran personas libres, ejemplos de vida en ese sentido; no nos mintamos.
Cualquiera que ha leído algo de historia, se ha anoticiado de la dictadura de Pinochet en Chile, gobierno de facto sin lugar a dudas, de libertad económica y progreso material; es decir, podes ser un chino de la actualidad, que se autopercibe democrático bajo el Régimen de un Partido Único que elimina (real y literalmente) toda disidencia, siendo un país capitalista de primer nivel en el mundo. Esto no es difícil de entender, no hay mucho para agregar, es así.
Entonces, llenarse la boca con la República, Constitución Nacional, libertad de acá, libertad de allá, emprendimiento, meritocracia, competencia, menos impuestos, menos tasas municipales; para ser una Conducción a la alemana, Netanyahu o algo parecido, autoritario, siendo parte de una forma de organizarnos propia de la partidocracia argentina, que solo se respeta la violencia organizada bajo una estructura de poder donde unos cuantos le mean la cabeza a los demás; no tiene nada de liberal, libertario ni republicano. Los esquemas autoritarios de estas características producen cuadros políticos que llegan a los gobiernos y la gestión de lo público, apuntando a formatear un Estado mínimo desde el cual operar y funcionar muy bien en el mercado, traer prosperidad económica, bienestar material, futuro sostenido.
Por supuesto, no hablemos de Democracia, de vida en libertad. Vivir en libertad es un arte, el arte de la buena vida; mi libertad no termina donde comienza la de los otros, sino que la libertad de los otros se potencia con mi libertad y mi libertad con la de los demás.

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