El presente argentino en cuanto potencial colectivo de cambio es cómico, la parodia de palabras donde si cortan internet se termina la revolución, o bien, se juntan y marchan maquillados, listos para aparecer en televisión. No hay nada real, auténtico.
La única feminista radical, real, que dio Argentina, es Nahir Galarza. La juventud y mediana edad, mayoritariamente reaccionaria, conservadora, le falta sangre, corazón, fuerza propia; sin el voto no serían nada. Por eso abundan los sellos de partidos políticos que esperan detrás del mostrador, ahí está el negocio; al final la gente se decide entre dos bandos, lo demás no importa, pero siguen lucrando del bolsillo de todos los ciudadanos.
El terrorismo de Hamas en Palestina y de los narcos en Brasil, son fenómenos de lo mismo, salidas extremas, criminales, de los pueblos; cuando la cobardía, corrupción, desidia, se apropian de la cultura popular, el cinismo se instala, se generaliza, el pueblo de esta forma no puede luchar unido y consciente de su destino, retrocede, le da espacios al Crimen Organizado. ¿Dónde está el Estado? Lo que describí es el Estado, una de sus caras.

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