La paciencia no resulta comprensible despegada de la fortaleza, porque no se trata de caer en el papel de víctimas y terminar abatido en un estado de tristeza; sino en padecer unidos a nuestras ideas, al bien que sostenemos, tranquilos en lo que somos.
La resiliencia de estos tiempos, como forma de encontrarle la vuelta a todo es mentalmente interesante, hasta transformar lo negativo en algo positivo; no es magia, tiene algo de estoico.
Pero hay una paciencia que raya con la resignación. No obstante, «aguantar, ya que no se puede hacer nada», el mal es inevitable; no necesariamente es débil en cuanto salida.
Asimismo, muchos trabajadores en relación de dependencia están en parecida situación a la descripta, no les queda otra que estar haciendo algo que, si tuvieran que elegir no lo eligirían, quisieran abandonarlo todo y no pueden……; quieren, pero no pueden porque no tienen el poder de quererlo realmente; no se encuentra otro laburo fácilmente o no se volverían a dar las condiciones favorables que lo hicieron posible, están en el baile y hay que bailar, la vida que llevan gira alrededor de lo que hacen.

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