La salud de los fuertes

Quienes se han encaminado hace tiempo en el camino del estoicismo, algunos tienen a Epicteto como referente un tanto disruptivo que sigue a Musonio Rufo en cierto sentido, siendo Sócrates la última instancia de autoridad.

¿Por qué Sócrates? Por esto del «conócete a ti mismo» cuyo reverso de la moneda es «cuídate a ti mismo» (ejercítate, se un atleta de la existencia); asimismo, por su ejemplo de vida, que Jesús si bien no cito en sus declaraciones públicas, pero que está muy presente el ejemplo socrático de haber «dejado bienes, honores, mujer e hijos, siguiendo lo que consideraba el verdadero fin de la vida».

Epicteto fue claro y directo: «unas cosas dependen de nosotros, otras no». Lo que es tuyo, es tuyo; lo ajeno, ajeno.

Entonces, la libertad en este marco existencial es vivir como querramos y aquí querer es querer lo que está en tu poder. ¿Y que está en tu poder realmente? Lo que está dentro nuestro.

Incluso, veamos como a los cristianos no se les aplico derecho de autor, la vieja ortodoxia estoica sostenía que «nadie puede servir a dos señores a la vez», es decir, «no puedes cuidar de las cosas exteriores y de tu interior». Indudablemente con el paso del tiempo se aligero esto, entro a jugar Dios y el progreso material; en la actualidad se lo ha falsificado en versiones cristianas lights. ¿Por qué digo esto? Por cuanto estamos llenos de tibios que no le ponen corazón a nada.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *