
Para los que todavía tienen tiempo.
El gran problema argentino que las actuales generaciones no veremos resolver; vamos a decirlo con todas las letras, estaremos muertos.
Asistimos al patético espectáculo renovado de los docentes y su show de «necesidades básicas insatisfechas»; el enmarañado sistema educativo que no sabemos por dónde entrarle y que parece una biblia estatal intocable; la política educativa atascada ante los intereses sectoriales que muerden su tajada en la educación pública, privada; los establecimientos educativos que se caen a pedazos; la corrupción y el desmanejo de los fondos públicos; la gente, vos, yo, cualquiera, que dejamos en manos de las autoridades educativas responsabilidades prioritarias de la familia, el entorno cercano y afectivo del educando; el colchón de contención social en que se ha convertido la escuela, universidades, frente a la pobreza, desocupación y el hambre que vienen castigando a los argentinos desde hace décadas.
Obviamente, ante el panorama descripto, pensar la educación de manera seria, con miras de excelencia, calidad, es improbable; no tenemos tiempo, las urgencias marcan la agenda de la supervivencia, de ahí que educar en Argentina sea eso, salir preparado para sobrevivir como sea. Nadie en el mundo puede dudar de los argentinos en esta cuestión, venimos de crisis en crisis, la remamos todas, aguantamos lo que venga y seguimos creyendo.

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