
Nos encontramos que hay verdades que son menos verdades que otras, por cuanto dependen de quien las dijo.
Si vas a la Secretaria de DDHH, te hallas con un cartel que dice «si tenes una historia que contar, tenes un derecho»; te espera esa amansadora que significa ser atendido por un terapeuta trucho que cobra un salario pagado por vos y los demás ciudadanos, para atender tu confesión de parte, escuchada por el resto de empleados públicos que dan vueltas por ahí, con sus bizcochitos y el mate en la mano; en la mayoría de los casos no pasa nada, ellos están para contar muertos, dar con una historia de fosas y desaparecidos…..; similar al ex ministerio de la mujer y diversidad de género, al idioma inclusivo que no te salvaba de ninguna golpiza.
Es decir, vayamos a un ejemplo concreto, así nos entendemos: si sos mujer acosada, violentada de algún modo por un desquiciado que puede ser tu vecino, el trámite judicial es largo y sin solución en el tiempo; no hay perimetral que se pueda aplicar, los alejamientos dispuestos por la fiscalía son figurativos, ellos esperan alguna iniciativa de la víctima, una idea que puedan aplicar; los policías como chicos de los mandados responden al llamado del 911 y llegan para tocar el timbre. Hay un final anunciado en esta situación y otras similares, alguien tiene que morir para que todo eso termine. Trata de no ser vos mujer, como siempre.

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