Mi enemigo preferido

¿Cuál es la distancia de tu enemigo? Dejo afuera las correcciones morales de los que no arriesgan nada, con batallas imaginarias; o quienes ofrecen la otra mejilla (una mentira discursiva), negando la realidad sin cambiarla.

Si se tienen que morir los que tengan que morirse, porque de lo que se trata es de la supervivencia, el derecho a defenderse en su lucha contra el terrorismo…. Vale todo, un ejemplo claro del exterminio de los palestinos en la Franja de Gaza por parte de Israel.

Que se tengan que morir los que tengan que morirse, la pandemia de Covid que se llevó la vida de muchos viejitos y discapacitados. Algunos querían volver a la «normalidad», trabajar y paradójicamente tener libertad; sin importar demasiado el precio que pagar.

Es decir, la distancia es lo que señala indudablemente a quienes son tus enemigos y vos o tu grupo de pertenencia. No hay mucha distancia entre lo peor del pasado y aplaudir la muerte de niños, mujeres, ancianos inocentes. No existen diferencias sustanciales entre lo bueno de ser cristiano que festeja la matanza de inocentes y el malo terrorista islámico que pone una bomba aniquilando la vida de cualquiera.

Vos empleado o funcionario público, como quieras llamarte (de la categoría que fuere), asalariado estatal; poder podes, Argentina es generosa en comentarios, opiniones, palabrerío…; tendrías que revisar tu odio hacia los comunistas, socialistas, gorilas, fachos, liberales; perteneciendo a Papa Estado, a ese Estado Benefactor, Total; donde no hay margen para ser de manera libre, autónoma e independiente. En las filas del Partido Único Estatal, los verdaderamente libertarios y socialistas, no existen; sino libertos y soldados. Nada malo decimos con esto, describimos la realidad de muchos, orgullosos de su status, perteneciendo e insistiendo por seguir dentro del Estado; todo bien.

Empecemos por arrojar claridad a lo que somos, para saber vivir en paz, fundamentalmente con uno mismo; por cuanto torturado y lleno de contradicciones, el mundo se nos hace cuesta arriba y los demás no tienen la culpa: tener enemigos es siempre saludable, mientras no vivamos como ellos, en el mismo mundo de valores.

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