
Las discapacidades y los discapacitados, es un tema delicado, muy sensible, tiene variadas facetas de abordaje; no dejas a nadie del todo conforme.
Políticamente se usó décadas al Estado como billetera en el reparto de dinero, beneficios, recursos, negocios, para una población de discapacitados que fue creciendo de tal magnitud que parecíamos un país en guerra. Algo similar a los jubilados que nunca fueron tales ni realizaron aporte alguno; al igual que el mundo de pobreza y miserias, que humillo a muchos argentinos, manipulados por la corrupción política.
No hay sistema que aguante de ese modo, se necesita auditar.
Quienes tenemos un ser querido discapacitado, somos pobres o viejos jubilados; no existen motivos para sentir miedo. No dejemos entrar el miedo a nuestras familias ni comunidades, es la peor de las pestes que nos impone el poder.
Si existen supremacistas, que no dudo de la existencia de los mismos, causa indignación saber que se deja correr el agua, se finge demencia al respecto…; hasta que algo suceda.
«No hay que jugar con la paciencia de los mansos».

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