
Aparentemente los deseos de la sociedad santafesina, aquí en ciudad capital, apuntan al perfil del jefe comunal, intendente, que tenemos los santafesinos; un gobierno que reparte la mayor parte del presupuesto entre los empleados municipales con un concejo deliberante que opera de escribanía para todos sus actos; donde nos une esa imagen fuerte que ha quedado en la retina de todos, de aquel doctor director de un hospital público que cerraba la puerta de ingreso del mismo a la gente, se encerraba con su mundillo estatal dentro de los muros del establecimiento sanitario y establecía un régimen de acceso estricto a través de una guardia pretoriana policial.
Son muchos años de producción de poder, los resultados llegan; en la actualidad nos preocupan más los trapitos que el estado de sensación generalizada de estar en un mundo paralelo de los narcos, ya que «presumiblemente» los poderosos narcos pasaron a ser los negritos marginados con gorrita en la cabeza con los cuales convivimos a diario. La casta de privilegiados y corruptos de la justicia, funcionarios públicos, empresariado y patriotas del campo, asalariados estatales, que se han hecho un Estado a la medida de sus beneficios…..; no es tan relevante como cortar el pasto en terrenos baldíos, arreglar baches en las calles, limpiar microbasurales, recolección de residuos, reparar la iluminaria pública, despejar el centro y los sitios de consumo masivo de personas en situación de calle, proteger a los perros de las inclemencias adversas del tiempo……
¿De ahí que si no nos va bien es porque elegimos mal? Esta pregunta nos distrae, no hay que dejarse atrapar; aunque elijamos bien terminamos defraudados, tal vez ni siquiera elegimos por cuanto es lo que tienen para venderte y no hay otra cosa. Por eso ves el desfile de candidatos a concejales en Santa Fe; centrados en las obviedades infantiles que acabo de describir, nadie se sale de esa lógica política; por cuanto pareciera que los santafesinos somos tan básicos, fachos e inútiles, que necesitamos al Estado mediando en todas las boludeces de nuestra aburrida existencia.

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