Con los pies en la tierra

Asistimos, al menos en Argentina y la región, a los últimos manotazos de la religión cristiana fundamentalmente, que esta incursionando abiertamente en política (no quieren aflojar con el curro y el poder sobre los demás), lo vemos de manera descarada en legisladores, gobernantes, funcionarios públicos, que antes fueron pastores protestantes, saltarines evangelistas; también se están animando los curas católicos, que ya tienen su historia de cargos estatales y no les basta con estar metidos en las estructuras del poder, sino que van por más empujados por la competencia.

Este narcisismo que no abandonamos, una suerte de infantil forma de ser que persiste toda la vida, donde supuestamente hay un sujeto que hace posible la realidad fuera del mismo, el mundo; aún más, el universo como despliegue de un ser divino que tiene todo planificado, determinado.

Nos hemos creído el centro del cosmos, seres humanos hijos de Dios, en un espacio infinito o potencialmente infinito, donde Dios eligió este planeta para venir y crearnos a nosotros; que a pesar de lo que la ciencia ha corroborado sin lugar a especulaciones metafísicas, venimos de los MONOS y de forma contingente; asimismo, somos producto de la sociedad; lo que llamamos «yo» es un personaje influenciado por un conjunto de fuerzas que residen en el cerebro sin control consciente; la tierra, un granito de arena en medio de galaxias interminables, agujeros negros e incontables estrellas.

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