Matando a la persona equivocada

No soy terapeuta, ni psiquiatra que puede recetar la pastilla indicada que una vida esta necesitando. El suicidio, tiene variadas aristas, se hace imposible teorizar o tener verdades sobre algo que no podemos vivir; nadie vive su muerte. Si, creo que el suicida apunta al sujeto errado; asimismo, los asesinos son los otros, como el caso Nisman, le salieron con los tapones de punta de todos lados y lo suicidaron; no fue Mahoma ni un enviado de Allah que se metió por el agujero de la cerradura del baño del fiscal argentino y lo mando al Paraíso, nada de eso. Un crimen social y político.

Matar a la persona equivocada, es un síntoma de estos tiempos, donde estamos desvinculados de nosotros mismos como unos extraños, no nos conocemos, nos leemos mal, tenemos opiniones de cada uno y sabemos en definitiva que significan las «opiniones»; vivimos desdoblados entre un yo para consumo de los demás y el ensimismo desconocido; incluso, tememos ese acercamiento, el silencio que conlleva estar consigo mismo, pensar; por lo tanto, ese silencio que precede a la caída es lo letal, si no lo sabemos manejar, porque nos empuja a otro silencio donde todo es demasiado tarde.

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