El presente texto es difícil escribirlo, están los riesgos de decir cosas que no queríamos decir porque en definitiva un texto lo hacen conjuntamente quien escribe y los que leen. Lo pensé en la encrucijada de los títulos «Los 7 de octubre» o «Palestinismo»; no me anime, tengo temor a ser malinterpretado; asimismo, no se reduce a un contexto determinado, tiene resonancias que nos involucran a todos los seres humanos.
Empiezo diciendo que condeno toda forma de terrorismo, no busco ser abstracto en lo que digo, lo condeno y punto.
El extremismo sin darnos cuenta va ganando espacio en un mundo que creíamos civilizado y paradójicamente en algunos casos en nombre de ese proceso civilizatorio; habiendo supuestamente superado los horrores del pasado. Nadie puede poner en palabras tanto dolor.
Son tiempos donde el contraste entre quienes festejan la alegría de vivir bien, al lado de otros sin nada propio o despojados de todo donde ni siquiera la vida tiene algún valor, nos ubica en un lugar de inseguridad creciente; cada vez que salimos a disfrutar lo bien que nos va en el escenario que armamos, con espectadores que han quedado fuera del mundo que formamos parte y en algunos casos ese mundo está hecho del saqueo hacia esas personas; es un desafío con consecuencias impredecibles.
Hay veces lo único que queremos es bailar, yo lo hago en mi casa.
Tal vez necesitamos comprender que los bienes que la cultura produce, en manos de unos pocos, es violencia que viene siendo acumulativa, soportada silenciosamente por la mayoría que no accede a ellos. ¿Hacia dónde nos puede llevar esta distancia llena de variados sentimientos, sensaciones, ideas, luchas? No lo sé, pero existen y la realidad indica que pueden detonar, producir daño, ser manipulados ideológicamente; indudablemente ningún tipo de violencia es justificable.

Deja una respuesta