Vamos a ponernos en la cabeza de aquellos que sueñan, le ponen ganas, están en el proyecto real de salirse de la dependencia laboral, independizarse, emprender algo.
Empecemos por el final, el emprendurismo en países como Argentina, con la inestabilidad económica permanente que vivimos, la incertidumbre y hasta cierta precariedad que esto genera, el estado de alerta permanente al respecto, la inseguridad generalizada y de diversa índole en las experiencias cotidianas; emprender es no desenchufarte nunca, algo que no podes soltar, te atrapa y succiona tu vida; eso de «tiempo para vos», porque creías que bajo patrón o un jefe nunca era tuyo, ahora que sos vos el que genera lo que está haciendo se potencia la responsabilidad personal y se multiplican ciertas ataduras, en el contexto de quienes buscan facturar en este país y tienen ambiciones válidas. ¿Qué más, a que costo y cuando decir hasta acá?
El comienzo no es idealizar ni romantizar. La pregunta que no debemos olvidar, solemos olvidar las preguntas importantes. ¿Cuál es tu tiempo? Porque la doble jornada laboral que significa trabajar, además de volver a trabajar en poder desconectarte y nunca lograrlo.
La mejor idea es llegar a un punto temprano/intermedio de nuestra vida y vivir sin trabajar (No esperar jubilarse porque es demasiado tarde, llegas hecho mierda y no tenes remedio. A los 40/45 años, decir basta, «hasta acá llego mi amor» por el laburo, como dicen los poetas truchos), no del aire, sino de haber capitalizado esos tiempos en que el dinero fluía donde trabajamos duro, te metiste en esa corriente, ganaste lo tuyo, invertiste bien; lograste un salvoconducto para los días que vendrán y son éstos del presente, no hay otros….; casa propia, subsistencia asegurada, bienestar, las cosas necesarias para llevar una cómoda existencia.

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