Empezamos a darnos cuenta de que crear contenido en la web, resulta como dice nuestro payador perseguido, es «para otros la llovida».
Sin caer en la vuelta a lo de siempre, la caja negra que no responde tampoco interactúa, de medios tradicionales que tenían a la televisión bombardeando nuestra existencia sin derecho a réplica; se dan con que podemos decir lo nuestro a través de diferentes redes sociales.
Obvio, están los algoritmos que no son espíritus o abstracciones filosóficas, muy reales, reutilizan la creatividad y el trabajo de todos en beneficio, para negocio de unos cuantos; a cambio, solo algunos reciben migajas, el resto participamos activamente desde el anonimato o la invisibilidad en un robo del que no recibimos la parte.
El Estado en cuanto estructura de poder es lo mismo, con su plexo normativo, funcionarios públicos, clase política y protagonistas económicos; gestionan a través del mismo sus intereses. Querramos o no, nos prestamos al juego, terminamos obedeciendo, vos, yo, nosotros, todos; si tuviéramos que hacer un plebiscito/consulta popular o referéndum para decidir si queremos o no, se terminara votando las veces que sea necesario hasta que salga lo que dispone el poder y sea conveniente al sistema.

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