La salud en cierto sentido garantiza «el buen fluir de la vida», esta idea es estoica; Arriano recoge las enseñanzas orales de Epicteto, «de las cosas que están en nuestro poder y aquellas que no». Es una obviedad que solemos pasar por alto, de ahí viene «querer es poder» en el sentido que «podemos todo lo que queremos, porque queremos solo lo que podemos». Esta distinción entre lo propio y lo ajeno, es el centro del estoicismo.
«Quienes viven como quieren, son los verdaderamente libres», «al liberarse del deseo de las cosas externas (que no están en tu dominio, aclaración mía) se sustrae de cualquier coerción ajena».
Hasta aquí parece que hemos comprendido a grosso modo un tópico de la existencia estoica, falta indudablemente lo más importante, vivirlo, ponerse manos a la obra; la práctica es una aventura exigente que dura toda la vida. Quiero advertir sobre un traspié común en este modo de ser, el pensamiento mágico o la fantasía de que los fuertes mandan, son superiores a los demás; no, mandan sobre si mismos, superiores (por encima) a las cosas y acontecimientos externos.
Esta superioridad se puede volver peligrosa si no la sabemos gestionar, comprender; no se trata de esconder, negar o minimizar nuestras debilidades, lo frágil que somos; porque eso que escondemos bajo la alfombra en la idea malentendida de autosuficiencia, libertad, indiferencia, fortaleza, nos termina rompiendo por dentro cuando nuestro cuerpo dice basta o la cabeza no puede manejar lo que nos sucede……; el sistema político, económico-social, necesita gente de estas características para funcionar, seguir adelante a pesar de todo, adaptarte a lo que sea hasta el punto de hallar tu zona de confort en una pobre existencia. No, el estoico no es eso; estemos precavidos ante este extravío.

Deja una respuesta