Mi hermana y yo

Decía Nietzsche, «un hombre solamente puede vivir mientras esté ebrio, ebrio de vino, de mujeres, de ideas o de pasión mesiánica».

Enfermo, postrado en la cama, comprendió con lucidez que no hay retorno a ninguna buena vida, a lo bien que nos fue, a la gloria pasada que ya no existe.

A pesar de su cansancio y desengaño, en la soledad de verse sin amigos, rodeado de sus más cercanos familiares conspirando contra el mismo, ante la cruz triunfante de Cristo en pie frente al Anticristo caído, derrumbado…; no renegó de vivir (jamás la muerte podría ser mejor que la vida), se mantuvo rebelde contra el universo, no acepto el consuelo de nadie.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *