En el Conicet y otros aguantaderos estatales argentinos, con «profesionales de ciencias diversas y dispersas», el discurso de supervivencia y permanencia en estas reparticiones públicas redunda en catástrofes sociales, atmosféricas, ambientales, crisis emocionales, ecogenocidios que nos llevarían a la extinción si faltan ellos.
Es decir, no te cuentan en que gastan (¿y cómo?) el dinero que les damos desde la sociedad organizada, a través de los impuestos que pagamos los ciudadanos…; top secret. Para ellos, todavía no se termino la pandemia, son esenciales por alguna razón que no explican con claridad.

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