Quiero comenzar de un modo alegre, respetando su persona e investidura presidencial, deber de todo ciudadano; olvidando que lo vote y que no sabía de mesianismo alguno.
Francamente, nunca vi en persona o charle con un judío, supe de niño que a un tío le metían camuflada carne de cerdo en algunos platos para las fiestas y lo contaban como broma familiar. Por mi parte, me pondría la kipá para vender más empanadas en las calles modo ambulante, es algo que tengo pendiente hacer mientras no resulte contrario a la ley.
Escucharlo a mi presidente que con valentía, muy convencido, reinterpreta miles de años de judaísmo como quién comenta en los márgenes de un libro; es algo que sorprende a los estudiosos y sabios rabinos, al igual que Jesus niño perdido en el Templo dándole lecciones a los ancianos sacerdotes.
Enamorado de Israel, la única Democracia en Medio Oriente, deja a los propios israelitas judíos o no, perplejos, lo admiran, ovasionan; Netanyahu se dice a sí mismo «esto no puede estar sucediendo, alguien que me quiera y de esta manera».

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