Vendedores ambulantes acostumbrados al destrato, cuidacoches soportando el agravio público de ser delincuentes por las dudas, mendigos o en situación de calle que huelen mal para los demás, pobres que producen inseguridad, laburantes de la informalidad, buscavidas………; personas molestas, incomodas, que son un obstáculo al progreso de la gente de bien.
Supremacismo que nadie expresa a viva voz existe detrás de escena en la conformación de espacios políticos que apelan a un arriba y un abajo, a la derecha o la izquierda, a lo individual o lo colectivo, al mérito o la igualdad, la competencia y la justicia….; cuando en realidad todo pasa por quienes son el sistema y los que están fuera. Circula ese desprecio que reproduce distancias, odio, entre los unos y los otros.
Sos culpable de ser pobre, es tu responsabilidad quedarte en la pobreza; asimismo, la otra cara de la misma moneda: nosotros los inteligentes, preparados, ganando dinero para hacer caridad estatal con vos. No estamos imaginando el resentimiento que esto genera en muchos; para algunos, de este numeroso y heterogéneo colectivo argentino, cumplir, aunque sea, la promesa de vengarnos del Estado es la llave mental que tiene el gobierno de Milei para permanecer en el poder; ya que la izquierda y el progresismo se quedaron en palabras vacías con su propuesta de revolución y justicia social.

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