Así como no estuvo para las víctimas del holocausto, brilla por su ausencia en Palestina, donde el cementerio a cielo abierto de Gaza es el horror que se repite ante un mundo impotente, el derecho internacional dibujado; las Naciones Unidas un organismo sin sentido.
Ver cristianos aplaudir el accionar del ejército de Israel, a esta altura de los acontecimientos, es un signo de estos tiempos de nihilismo donde los valores de humanidad se han agotado; ya no hay referencias de ninguna índole que puedan contener la barbarie de las guerras, el terrorismo.
Es tal la impunidad y temeridad con que el poder de las armas impone su terror, que asistimos a un punto sin retorno; la existencia tal como la conocemos en la tierra, peligra; esta maquinaria de matar esta desfasada del control humano, se ha lanzado a la nada arrasando consigo la vida y nadie tiene el poder de detenerla.
Un texto para nietzscheanos. La movida libertaria argentina, de la cual soy parte, en mis comienzos de militancia por la libertad de manera que podría llamar orgánica o algo parecido; cuando Espert se subió al ring de la escena pública a dar pelea e hicimos lo que pudimos, instalamos esa idea liberadora en la Comunidad; después vino lo demás.
Al principio creí ser parte de esa comunidad de hombres y mujeres libres, por lo tanto, rompí con mi soledad y fui al encuentro de los otros, supuestamente del mismo palo. Hallé decepción, compartí la militancia y el trabajo de aquellos que hicimos posible la creación de un espacio político libertario en Santa Fe; hasta aquí la historia romántica, idílica, de un supuesto nuevo comienzo que termino antes de comenzar en un fiasco, más de lo mismo.
El presente no muestra esa ruptura con el Sistema, la lucha que pegue fuerte y arrase los valores hegemónicos de nuestra sociedad; al contrario, el conservadurismo de la derecha cierra filas en aquellos prejuicios y creencias que han hecho de nuestro pueblo un rebaño dócil y sumiso a las instancias de poder. En este sentido, por más que rujamos como leones, tenemos tantos colgados de Milei y falsos libertarios, que vamos camino a parecernos demasiado a los progres y la izquierda de la sarasa; no hay revolución libertaria.
Diría que muchos siguen siendo esos camellos que cargan con el resentimiento de los que imaginariamente dan batallas, porque nunca se animaron a confrontar lo real; reaccionarios que no tienen el valor de asumir el destino de heroísmo ciudadano por una Argentina mejor, faro del mundo para las naciones libres de verdad.
El esfuerzo válido, exitoso y valiente de este gobierno nacional, es en el plano técnicamente económico; no alcanza para transformarlo todo, por cuanto los cultores y seguidores de esta lógica de mercado, se enfilan detrás de una sola valoración de la existencia; que apunta a la utilidad, resultados, ganancias, dinero…; nada nuevo. ¿Acaso pensamos que la corrupción sistémica estatal-privada que nos precede y todavía vigente, responde a otra lógica?
Los leones tienen que realmente llegar, no ha sucedido aún, se anuncian; son necesarios, para una vez superados, dar el paso a la creación de una nueva Argentina; donde la fuerza creadora de los argentinos se dé su propio gobierno, no de la forma que estamos viendo, desorientados dejan a un Amo y se van a los brazos de Otro, esperando de cada gestión y administración lo que está en sus manos ser.
El gran problema argentino que las actuales generaciones no veremos resolver; vamos a decirlo con todas las letras, estaremos muertos.
Asistimos al patético espectáculo renovado de los docentes y su show de «necesidades básicas insatisfechas»; el enmarañado sistema educativo que no sabemos por dónde entrarle y que parece una biblia estatal intocable; la política educativa atascada ante los intereses sectoriales que muerden su tajada en la educación pública, privada; los establecimientos educativos que se caen a pedazos; la corrupción y el desmanejo de los fondos públicos; la gente, vos, yo, cualquiera, que dejamos en manos de las autoridades educativas responsabilidades prioritarias de la familia, el entorno cercano y afectivo del educando; el colchón de contención social en que se ha convertido la escuela, universidades, frente a la pobreza, desocupación y el hambre que vienen castigando a los argentinos desde hace décadas.
Obviamente, ante el panorama descripto, pensar la educación de manera seria, con miras de excelencia, calidad, es improbable; no tenemos tiempo, las urgencias marcan la agenda de la supervivencia, de ahí que educar en Argentina sea eso, salir preparado para sobrevivir como sea. Nadie en el mundo puede dudar de los argentinos en esta cuestión, venimos de crisis en crisis, la remamos todas, aguantamos lo que venga y seguimos creyendo.
Hay veces bromeo con esto entre libertarios, pero algunos se la creen como los militares de otros tiempos, encerrados en sus cuarteles, que un día decidieron salir a las calles y poner orden.
Pareciera que late entre los argentinos una experiencia de convivencia democrática al límite del golpe, donde los golpistas de la derecha, la izquierda, el centro, se arrojan el derecho de autopercibirse portadores de valores bien diferenciados del resto, siendo llamados por el destino a depurar nuestra cultura política, social, económica; reescribiendo la historia en un Relato para consumo de las mayorías. Hasta la Justicia es un partido de moralistas e interesados en conservar el poder detrás de todo gobierno.
Esta farsa, fantasía, útil a determinados sectores, coloca a la libertad de los ciudadanos subordinada a los mandatos de quienes se imponen en el reparto del poder instituido.
La violencia y el odio como ordenadores de nuestra sociedad organizada.
Parece que descubrieron la pólvora algunos panelistas y periodistas, el fascismo es la idiosincrasia argenta al palo; un ejemplo entre otros: nos acompaña el movimiento peronista que adopta diferentes nombres a lo largo del tiempo, desde las dictaduras militares hasta el presente, donde sus voceros acomodan el relato de acuerdo a las coyunturas.
¿Qué es ser fascista en Argentina? Tener un cuadro de Benito Mussolini en el living de la casa, no, es anacrónico, ese fascismo europeo existió entre la primera y segunda guerra mundial.
La verticalidad autoritaria que rige las estructuras partidarias es un buen comienzo para olfatear a los fachos, saber de qué hablamos cuando queremos mostrar la participación ciudadana en política; los punteros de las organizaciones sociales; sindicatos; el entramado de la familia judicial, esa Cosa Nostra detrás de la ley; la representatividad de los legisladores independientes de los ciudadanos que los votaron, respondiendo a intereses ajenos al Bien Común; el Partido Único Estatal abocado a sus propios beneficios; el Estado inmenso y corrupto que impone las reglas del juego democrático; el sector privado prebendario de recursos públicos, colgado del bolsillo de todos; la sociedad doméstica y servil que se identifica con el Mandamás del momento; la cultura ideologizada bajo la hegemonía de un pensamiento único; el cristianismo del Dios de la gente buena, normal, heterosexual, blanca, trabajadora.
Todo lo dicho, dentro de la ley, fuera de la misma nada; es decir, todo dentro del Estado. ¿Alguna duda? FIN.
Qué le diría a ese empleado o funcionario público que fundamentalmente cumple sus deberes y funciones en contacto con la gente, en la calle; a la vez, válido para los demás.
Con ser reproductores de la normalidad impuesta, alcanza y sobra, ya tienen justificado el sueldo; pero si la domesticación de la que forman parte les pesa demasiado, es mucho tiempo que vienen en la rutina de transmitir, ejecutar, cumplir, disciplinar, soportar, renunciar, asimilar…; entonces, hay que hacer algo para no terminar en la de siempre: esos jubilados o retirados, que patéticos mendigan atención y consideración del Sistema, habiendo sido muchos de ellos sus soldaditos más serviles, partícipes necesarios del devenir de la decadencia actual.
¿Cómo actuar sin caer en el delito? Por cuanto demasiada gente habla, promociona, instiga, difunde ideas…; pero cuando te las tomas en serio, miras alrededor tuyo y estas solo, aparece la Justicia que nunca vimos a justificarse. Lo apropiado es exagerar, sobreactuar lo normado pasiva o activamente, de un lado y del otro; ir más allá del deber en el cumplimiento del deber, que caiga con la evidencia de los hechos el cinismo generalizado de los que fingen demencia, porque en cualquier momento les toca a ellos o se ven pisoteados por sus mismas convicciones.
Al final, están las urnas para los cobardes de cualquier ámbito (público o privado, oficialistas y opositores), allí pueden sumar al Bien Común; nos ayudan. La política entiende muy bien esta cuestión, primero les meten miedo de algún modo, es el combustible que moviliza la existencia doméstica; el voto permite que se animen a mostrar su descontento, temores, prejuicios, intereses propios y no ser descubiertos…….
Un docente enseña lo que aprendió. ¿Acaso podemos dar lo que no tenemos? Porque supuestamente lo que fue bueno para él o ella, será bueno para sus alumnos.
Quienes tenemos memoria y no sentimos vergüenza de lo que fuimos, sabemos bien de qué lado estábamos cuando la mayoría absoluta de maestros en Argentina se pusieron la gorra para sostener una cuarentena eterna, durante la última dictadura sanitaria; promoviendo el cierre de escuelas, el confinamiento de niños, la persecución y demonización de la juventud.
Les debemos bastante los libertarios y el actual gobierno nacional de la Libertad Avanza, gracias a ellos muchos jóvenes despertaron al llamado de la libertad. El encierro los empujo a una salida, la arbitrariedad y el abuso del poder instituido fue imperdonable, con la justicia inoperante y cómplice de esa violencia organizada quedo al descubierto el Estado de corrupción en beneficio de unos pocos…; todo llevo al presente libertario que tiene Argentina.
No solo encandilo a la mayoría del pueblo, encegueció a otros e irrumpió partiendo al medio el statu quo de la vieja política, del sistema jurídico-económico, sacudiendo a la sociedad organizada fallida de los incluidos, que hablaba de un cambio haciendo lo de siempre.
El partidismo político, las instituciones, todo el andamiaje estatal y gubernamental; no alcanzan con sus dispositivos de poder en asimilar lo que ocurre y hacerlo funcional a los intereses acostumbrados, bajo los visos de legalidad de un Estado de Derecho.
Incluso, están quienes se cuelgan de la moda libertaria y no faltan los que se presentan como lo novedoso, enarbolando banderas de la libertad, y no la ven; son lo viejo con ropaje nuevo, les falta el conocimiento rápido receptivo, allí donde alumbra el refucilo; no pueden elaborar un discurso político ni una estrategia política de acciones que rediman las injusticias que afectan a mucha gente desde toda la vida, en un país devastado por la corrupción.
Seguimos en la temporalidad acostumbrada y muchos van a volver a lo predecible, «a la sarna con gusto no pica»; de pobreza para todos y todas, a la envidia organizada estatal como ideología política que desacredita la existencia humana de la excelencia.
Sin embargo, «hay que saber morir a tiempo», una expresión bien antigua, muy tenida en cuenta por los estoicos.
Están quienes prefieren quedarse en la vida un minuto más, sin importarles dar lástima, sobrevivir de la compasión y ayuda de otros. Solemos en tal sentido escuchar a muchos, «antes de terminar siendo un viejo que, como niño, se caga, se mea, hay que limpiarle el culo y bañarlo…….; me suicido»; obvio, somos de mucho palabrerío, la cuestión que llegado el momento son muy pocos los que eligen morir, irse de la vida cuando ésta se torne insoportable o una carga para los demás, sin importar la edad o condición social.
Desde ya, se entreteje en lo manifestado precedentemente, que una vida se ve al final, como llega a ese final; este asunto es relevante y nos dará para un escrito ulterior.
Decía Nietzsche, «donde termina el Estado, comienza la libertad»; la cuestión está lejos de resolverse en países como Argentina, donde la Democracia para no pocos es el Estado presente en todos los ámbitos de nuestra vida social, administrando y generando vínculos de poder.
«El Estado somos todos», «la Patria es el otro»; obviamente colgados del bolsillo de los demás, en una política autoritaria con visos de legalidad que se impone en beneficio de una casta que obtiene sus ganancias a costa de los recursos públicos.
De ahí que no coincida con el presidente Milei en la disyuntiva de «kirchnerismo o libertad», por considerarla coyuntural; la grieta fundamental es entre quienes se han quedado en la inmovilidad de un sistema que le asigna a cada uno su lugar, rol, identidad, profesión, negocio y el éxito asegurado de algunos; frente a los que avanzan movidos por las inquietudes humanas de crecer, progresar, cambiar, trabajar, superarse.
Los reaccionarios se niegan a pensar, en eso son peligrosos, lo rancio de posturas que insisten en permanecer y pertenecer a la «Normalidad» de quienes gozan del visto bueno del Sistema; sabemos que esto no necesariamente responde a clases sociales, ideologías o aptitudes, sino a esa mentalidad cerrada en sus propios intereses que echa mano de los mecanismos institucionales para garantizar sus privilegios sobre los demás.