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  • Atentos a la realidad

    Hablemos de política sin hacer política. El espejo que debería ser la misma ante la gente, perdió sentido, está roto ese vínculo que la Democracia necesita para crecer; la cultura argentina está empezando a mirarse a sí misma, es un momento de nuestra historia importante. Hasta hace poco los actores que vehiculizaban lo cultural eran soldaditos del Partido Único Estatal, donde te encontrabas a Rembrandt, Van Gogh, Goethe, El Che, los descamisados de Perón, la maravillosa juventud de los años 70; todos empleados públicos, asimilados al poder de turno, instalados en el mundo de las ideas.

    Algo está empezando a ser distinto, año 2025, no solo porque se ha retirado el financiamiento estatal a todo ese contexto parasitario del bolsillo de todos los ciudadanos; sino por la demanda social al respecto, hay una exigencia que señala, interpela, a lo político como producto cultural, por lo tanto: ¿vos queres ser político, militar política, ejercer una función pública, representar a los demás en las instituciones de la República? Ya no te podes disfrazar de nada, esto ha dejado de ser literatura, discurso, retorica, palabrerío, relato, narrativa; tendrás que sumergirte en la realidad, hacerte uno con los demás, basado en la renuncia, el desprendimiento, buscando la libertad y rescatando la dignidad de muchas vidas dañadas. Hagamos corta la bocha: a la gente no se la escucha.

    La política es liberadora, si no lo es, no es política.

  • Política de unos cuantos

    No resulta sencillo formar equipos de trabajo en un partido político, donde el compromiso de los afiliados es fundamentalmente de espectadores en su mayoría; esto tiene su valor, es enorme porque significa la banca (simbólica y más que eso en puntuales casos) de un capital humano que está ahí, a pesar de todo, haciendo posible la existencia del partido como tal.

    Cuesta remarla cuando la estructura de una organización empieza a pesar, los afiliados de espectadores pasan a ser nada, no se los tiene en cuenta en el armado, los tejes y manejes que reparten poder, quedan fuera de las decisiones, no eligen ni votan nada. Aparece en escena de manera cada vez más protagónica la figura del empleado (algo muy afirmado en la cultura santafesina, que es desde donde escribo estas líneas), un tipo de «afiliado» peón que opera en esa lógica de subordinación y dependencia a la billetera de alguien (en algunos casos ni siquiera es la billetera de quien la ostenta, que es otro peón más jerarquizado); concretamente, nada resulta claro del todo.

    Indudablemente, acá nadie habla de banderas, ideas, valores, militancia, corazón, camiseta, bien común, interés público, la Comunidad………; todas estas idealizaciones ya fueron superadas, estamos en la etapa en que se siguen usando las mismas como atractivo de marketing para captar nuevos ilusos que vendrán a poner lo suyo; por cuanto ni siquiera tienen valor real para los ilusos que están dentro y ya pusieron todo para que el negocio de algunos prospere.

    Terminan siendo unos cuantos los que corten la torta y se repartan las ganancias de este emprendimiento llamado partido político en Argentina; lo hace cualquiera con la viveza criolla de algunos y la mano de obra ingenua de otros.

    Esto que describo es una de las tantas caras de la casta, sobre la que hablamos a menudo y repetimos sin mediar reflexión de por medio. Habría que revisar puertas adentro de los espacios partidarios autodenominados libertarios, liberales, republicanos; que dicen ser «lo nuevo».

  • Apariencias de libertad

    El problema de la libertad en Argentina, permítanme presentarlo de este modo, como un problema; se ve con claridad en esta moda que se ha instalado, donde mucha gente se cuelga de lo libertario, la libertad carajo, Milei y los leones de las fuerzas del cielo.

    Aquí no nos vamos a preguntar que es la libertad, suponemos que lo sabemos, al menos tenemos algunas ideas al respecto, creemos vivir en la misma que es lo más relevante. La clave está en cómo se nos presenta esta libertad, de que se trata, el modo en que la expresamos en sociedad.

    Imaginemos, no se puede ser libertario y un golpista antidemocrático a la vez; hablar de principios, valores de libertad y ser un violento con el bigotito de Adolfo el Alemán. Son obviedades extremas que no resisten sentido común alguno.

    Aunque parezca mentira, no son pocos los argentinos que creen o afirman ser de derecha, de ultraderecha, antisocialistas que buscan eliminar a los comunistas, terminar con los zurdos; algunos se autoperciben publica y desinhibidamente fascistas al mismo tiempo que dicen ser libertarios; incluso, lo más obsceno es que varios de estos personajes terminan siendo referentes, figuras preponderantes en estructuras partidarias de la supuesta nueva política liberal libertaria republicana; no necesitamos descuidarnos para que terminen siendo nuestros representantes electos por el pueblo en las urnas.

  • El arte de no hacer nada

    Saber no hacer nada, disfrutarlo, es como verse muy bien acompañado cuanto más solo estamos; en esa buena compañía que cada uno es para sí mismo esta la capacidad de ponernos a pensar, si queremos, habiendo aprendido a hacerlo, ejercitándose al respecto.

    Sin embargo, quiero hacer foco en el no hacer nada, que resulta tan difícil para muchos, si no trabajan no comen o tienen cientos de excusas que lo llevan a mantenerse ocupados en algo, preocupados en cosas por hacer, con hormigas en el culo. Un punto de este arte, que seguramente habrá técnicas que lo perfeccionen, es volverse a sí mismo, rescatarse del afuera, tirarse un salvavidas cuando vamos zambulléndonos en lo exterior de ocupaciones, rutinas, obligaciones….

    ¿Cómo hacemos eso que vengo sugiriendo? No sabría decirlo sin ser autorreferencial y no tengo ganas de eso. Cada uno templa su existencia al ritmo que le da el cuero. Paradójicamente, sacar ese perro que llevamos dentro puede ser un buen comienzo……..

  • Política de chetos

    Me alegra que mis empanadas salteñas sean bienvenidas en los barrios periféricos de la ciudad de Santa Fe, bien recibidas por su calidad y precio. Esto dice mucho de lo que somos como santafesinos, receptivos entre nosotros, alegres emprendiendo, festejando al que trabaja, reconociendo la lucha del que no afloja; esta Santa Fe es inmensa, en ella caben todas las esperanzas y los sueños de lo mejor.

    El desfasaje se da en algunos que hacen política en diversos partidos políticos, tanto viejos conocidos como buenos por conocer, adolecen de la misma falta de humildad quienes conducen fundamentalmente esos espacios de participación ciudadana; en este sentido no decimos nada que no sepamos. Sin embargo, lo de reciente aparición es una versión recargada de lo que ya conocemos: se nos presentan voces de autoridad que derrapan soberbia, desprecio al que menos tiene, operando discriminatoriamente desde las estructuras partidarias que le dan impunidad, levantando las banderas de «lo nuevo en política».

  • Alles zermalmer

    Sigo insistiendo con un grito de payaso en el espacio público, al observar reiterados hechos trágicos que tienen como protagonistas a personas desequilibradas mentales; que andan bajo el criterio de ellos mismos, como pajaritos sueltos en nuestra Comunidad.


    Te volviste un adicto, no necesariamente se trata de porros y petardos, hay tantas adicciones como cabellos en la cabeza; en este tópico somos muy creativos los seres humanos. No hace falta decirlo, pero vamos a recordarlo: lo tóxico llega a nuestras vidas rápidamente, no se anda con vueltas; pero para que se vaya no basta con echarlo, resiste, se aleja remisamente tomándose todo el tiempo del mundo.

    Si tenemos una vida, hay que armarse de paciencia sabiendo que la lucha es hasta la muerte, combatir es la victoria.


    Capacidad para dañar tenemos todos, en mayor o menor grado; somos ingenuos suponiendo los mismos códigos de respuesta en los demás, cuando temerariamente actuamos «sin querer queriendo» perjudicando a otros. En este ámbito ninguna cagada prescribe.

    La Justicia institucionalmente está retrocediendo desde hace tiempo en Argentina; los tiempos legales, la desidia de sus operadores jurídicos, el dinero que se requiere para promover una acción judicial, el acceso desigual a la misma, la corrupción del Estado…; cuestiones que empujan a la justicia por mano propia.


    No tienen cara, determinada gente de mierda se disfraza de liberal, libertaria, republicana; ambiciosos farsantes están ganando terreno en todos los ámbitos de nuestra trucha cultura política democrática; cuando en realidad son unos delincuentes en potencia, algunos si tuvieran el poder suficiente serían Ali Jamenei o Benjamín Netanyahu.


  • Entre gente buena

    Cuando la política dice gobernar desde el gobierno de la gente de bien, mantengo distancia sana de esa «buena gente»; le diría a más de uno que probara ser parte de algún grupo en las redes sociales donde ellos se encuentran y conforman algo, como para empezar y ponerse en clima.

    Visitando los presos en la cárcel, entre mates y charlas, donde nadie pregunta que hizo como no sabemos realmente quién es quién en ningún lado; estamos tentados a pensar que los malos son profesionales de la maldad o algo así, nacidos para matar, robar o violar, monstruos…; y lo más obvio, están ahí adentro. No.

    No todos responden al estereotipo que nos tranquiliza, normalmente extendido; explayarme al respecto sería salirme del texto, abriendo flancos de discusión que no nos llevarían a sacudirnos los prejuicios.

    Si tenemos la consciencia tranquila, dormimos en paz; mientras festejamos las hazañas del pueblo elegido de Israel, en su genocidio de Gaza, sintiéndonos bendecidos por Yahvé; caminando como si nada sucediera por las calles de la ciudad de Santa Fe, esquivando gente en situación de calle y molestos mendigos, conviviendo sin premuras morales con familias enteras que cirujean de la basura, plenos ciudadanos junto a otros santafesinos en situación de pobreza extrema. Al final, esa «buena consciencia» es jodida y chota; de la misma podemos derivar un mundo que iremos desplegando en posteriores escritos.

  • Argento judeocristiano II


    A los argentinos un meteorito podría salvarnos, esperaba verme menos pobre que antes, y no, me cuido mucho más de aquellos indigentes, desocupados con hambre; no quiero entregarme sin resistir, allanarle el camino al poder matando dos pájaros de un tiro.

    Sigo creyendo, Dios está conmigo, de lo contrario debo pensar que lo tengo en contra porque no me sale una. Los malos son otros, eso me contaron mis viejos, lo repetían en la escuela.

  • Fuerzas de Seguridad en pie

    Determinados sectores políticos argentinos siguen demonizando a las fuerzas de seguridad, policiales, por sus actividades atinentes a la Seguridad Publica Interior.

    ¿Observan acaso cierta desconexión por parte de los uniformados con respecto al padecer de los demás, violencia desmedida en sus intervenciones, rayando con el desconocimiento de los derechos humanos? No viene de ahora, es consecuencia del cinismo generalizado que se apropió de la mentalidad política de quienes nunca tuvieron un compromiso real en tal sentido; nadie ignora lo siguiente:

    • Quienes integran esas Fuerzas, son en su mayoría planes sociales bien pagos, de jóvenes que están por un salario a fin de mes, obra social y cinco minutos de poder. Cumplen órdenes, ejecutan lo que se les dice que hagan, se les paga por eso y cualquier irrupción de pensar propio resulta ajeno a su accionar.
    • El contexto legal que rige la vida de esta gente no es en pie de igualdad al resto de los ciudadanos; son meros instrumentos del Estado y el tratamiento jurídico al respecto va en ese sentido. Es decir, cuando largas a la calle, a las redes sociales, al espacio público que fuere, a personas que no son tratadas como personas, al encuentro/desencuentro con los demás, las consecuencias son obvias; nadie puede dar lo que no tiene, ni devolver lo que no recibe, actúan por lo que son.
    • La falta de respeto y reconocimiento a la labor policial en general, no se supera con aumentar salarios, ponerse la gorra y disfrazarse de uno de ellos con discursos de apoyo, capacitarlos básicamente como picapiedras, comprar móviles nuevos, nombrarlos de otro modo, aumentarles facultades en su accionar (darle pan al que no tiene dientes, suponiendo un pensar criterioso en la mayoría de quienes no se ejercitan en pensar) ……………; todo suma y no siempre para bien, lo relevante es cambiar radicalmente las leyes que rigen su existencia en sociedad.

    Hay una deuda histórica con respecto a la democratización real del accionar y la vida de los servidores de la seguridad pública argentina, como sujetos de derecho; cierta dirigencia política y otros actores responsables directos en este tema, fingen demencia, dejan correr el agua, les venden espejitos de colores a los uniformados.

  • Libertario, no liberfacho

    Nuestro entrañable Don Quijote de la Mancha, marca con precisión una señal de todos los tiempos, «ladran Sancho, señal que cabalgamos».

    Si unos cuantos violentos fachoss te hacen blanco de sus ataques personales por pensar distinto, no necesitamos caer en la misma, aunque duela; es nuestro deber ciudadano dejarlos en evidencia de la forma que sea, jugarnos en tal sentido, sabemos que estamos en el camino correcto. Hay que impedir la propagación de esto, no es propicio para la Democracia.

    ¿De qué lado de la vida se puede parar un hombre de bien, militante de la libertad? Junto al opresor y dando la espalda al oprimido; no. ¿Entre los que queman a la bruja? ¿Con los que aplauden y crucifican a otros, o junto al crucificado? Haciendo una injusticia o padeciéndola: ¿qué elegirías?

    No se trata de política, ley, moral, religión, demagogia o populismo; es una actitud existencial. En el presente, un largo presente que no se reduce a la actualidad, donde la concreción de aquello bueno en contraposición con lo que nos trae pesar y sufrimiento, es un valor; es decir, los valores no son palabras sueltas que están volando sobre nuestras cabezas o platónicamente habitan el mundo de las ideas, nada de eso, son realidades que sostenemos con las acciones y configuran lo que es bueno para la Comunidad.