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  • ¡A laburar!

    Poner en suspenso la ética que sustenta el comercio, la empresa, un precio razonable y el contrato libre, te convierte en un resentido porque sería dudar de la honorabilidad de esos buenos comerciantes y empresarios; la moral de su esfuerzo, trabajo, capacitación, inteligencia, desde la cual tienen todo lo que tienen y prosperan.

    El dinero nos da un poder adquisitivo que necesariamente no tiene límites o al menos su límite no son las cosas. Nadie duda que, en Argentina, a pesar de las leyes, buenas costumbres de gente civilizada y occidentalizada, con dinero se puede comprar o vender personas, animales, obtener servicios de lo que sea, prestaciones variadas, humanas y no humanas. Todo tiene precio, en especial lo que no tiene precio y no hay con que pagarlo.

    Con dinero se pueden adquirir distintos tipos de valores como un buen nombre, belleza, decencia, honor, prestigio, credibilidad, etc; hasta podemos ser buenos.

    Y como decían los monjes de antaño, come quien trabaja; es decir, mañana pasaremos hambre si hoy no laburamos y mañana no tendremos laburo si hoy no aceptamos lo que se nos exige.

  • Después, fueron pasando cosas

    No justificar la violencia, bancar la libertad de expresión hasta perder, antes que cometer una injusticia elegir padecerla; eso permite dormir en paz y saberse inocente a la hora de ir por justicia.

    Parece irónico que algunos autopercibidos libertarios, liberales, republicanos; sean castradores de los demás, reaccionarios ante los que piensan y se expresan distinto.

    Nos cuesta la libertad a los argentinos, estamos acostumbrados a colgarnos de las palabras, pero en los hechos te encontras realmente con personas de cierta psicopatía, gente manipuladora y violenta, que hallan su lugar de poder en nichos como la política, las iglesias, en la familia, ámbitos educativos, reparticiones públicas…; no necesariamente son los que vemos en las series de Netflix, poseen necesidades especiales que todavía no han escalado hacia hechos de extrema gravedad, pero que sin embargo dañan a otros.

    Era vox populi que Alberto Fernández tenía actitudes de matón, arranques de ira, las respuestas agresivas que daba en redes sociales fueron señales que nadie quiso ver; el tiempo lo confirmo, se tardó demasiado.

  • Flasheando ser un boludo

    Hay veces no te queda otra que poner tu confianza en el accionar policial, la mayoría de las veces no; ni siquiera en la Justicia, esa Cosa Nostra familiar con su lenguaje de entendidos y el papeleo burocrático. Son instancias de alargue, intromisión en tu ámbito personal, privado, poner a disposición de un cualquiera tu vida; en la generalidad de los casos van a llegar tarde.

    Lo último confiar en ellos, en Santa Fe no hay procedimiento contra el narcotráfico donde no estén metidos en la organización criminal, empleados o funcionarios del Estado. Un ejemplo demoledor entre otros, que viene a dejar sin efecto esto de que «no metamos a todos en una bolsa» y todas esas frases de alienados mentales. Por supuesto, no son todos. ¿Pero, cómo saber cuál es el que te toca a vos?

  • Y amigo…, no tenes lugar

    Ya es un hecho que, en algunos lugares de Argentina, ejemplo Santa Fe, mucha gente no concurre a votar, aunque sea impuesto por ley; con niveles de ausentismo mayor que en Condados de EEUU donde no es obligatorio hacerlo. Es un dato de la realidad que la llamada clase dirigente finge demencia, en definitiva, son resultados que no alteran el producto final del negocio político.

    Quienes entran al ruedo de colgarse en lo que deja dinero no les importa una chota, tienen en claro que el emprendimiento privado de los partidos políticos, paradójicamente con vistas al «Bien Común» desde un supuesto interés público; hace que vos, yo, cualquier ciudadano se halle atrapado por estructuras de poder que en su lógica interna de funcionamiento avanzan por sí mismas prescindiendo de sus afiliados y militantes, hasta se desprenden de la voluntad de los representados una vez que ocupan un lugar en el poder del gobierno o las instituciones de la República.

  • Cochinos y cariñosas

    ¿Qué tiene que pasar en Argentina para que vengan las inversiones y se mueva la economía?

    Comienzo a creer que algunos están esperando reinstalar la esclavitud, así tener mano de obra para levantar las Pirámides que hagan falta; por otro lado, muchos argentos no hablan el lenguaje del trabajo, sino que funcionan en modo compra-venta de dólares, especulando, guardando, jugando a la bicicleta financiera; contra esto último, solamente Stalin nos puede salvar, estaba por nombrar a su compinche, pero se entiende.

    Los amigos de acumular reservas a cualquier costo en el Banco Central, léase «devaluación», inflación, más pobreza y miseria; te la quieren contar de otra manera hablándote de las Pymes y la Industria Argentina. Los de Made in Argentina Achinado, junto a los de «Lo Atamos con Alambre»…….; buscan seguir la joda, llenándose los bolsillos con los argentinos vendiéndole porquerías a precios demenciales.

  • Por algo será o algo habrán hecho

    Obviamente, estamos en tierras del Eternauta, donde te pueden desaparecer de variadas maneras, no se trata solo de dictaduras militares.

    Si pudiéramos acceder a la libre portación de armas de fuego, nos convertiríamos en un cementerio a cielo abierto; pero a la vez, no estaríamos muriendo por nada, desarmados, indefensos, ante una criminalidad organizada que avanza y un Estado inoperante, improvisado y poco calificado, retrocediendo cada vez más.

    Hasta la Democracia peligra de este modo. ¿Como defenderla si a determinados trasnochados se les ocurriera alzarse con la suma del poder público o fuera éste delegado voluntariamente por la mayoría del pueblo por tiempo indeterminado? En el ámbito privado, semipúblico, ya nos manejamos de esa forma y lo damos por hecho, depender o estar subordinados a capos, capitos, que concentran poder en ellos mismos con total impunidad.

  • Todo tiene precio, no se enojen

    Diferentes democracias están experimentando algo que ciertos pensadores alemanes, juristas, ya lo expresaron controversialmente en tiempos del fascismo y los nazis.

    Cuando se tiene que intervenir desde las fuerzas estatales, poner orden fiscal, social, político, económico; se hace lo que se tiene que hacer, sucede algo así como un intervalo, una afectación del cuerpo social en ese vacío generado por la crisis, donde para evitar el caos somos afectados en todas nuestras libertades.

    No soy un convencido de esas recetas que suelen ser transitorias y llegan para quedarse; definitivamente no.

    En Argentina vos tenes una historia, un relato y tenes un derecho. Mentira para la gente laburante, independiente, que con libertad hace la diaria, se rebusca, sobrevive, emprende algo; mentira. Estas máximas del progresismo son para los asimilados por el poder estatal, que de algún modo se cuelgan de sus beneficios, privilegios. Habría que preguntarles a todos los cadáveres de mujeres acumulados por manos femicidas, si el Ministerio de la Mujer y Diversidad de Género sirvió para algo; más que para contar muertas y esconder empleados públicos parasitarios del bolsillo de todos, como en muchas reparticiones del Estado.

  • La celda

    En los primeros años del cristianismo hubo quienes se retiraron a los desiertos, a llevar una vida dura, solitaria, de silencio…; fueron ermitaños, anacoretas, cenobitas; tenían sus diferencias, variantes, pero los unía el hecho que vivían solos, en comunidad, cada uno en la celda o pieza, como quieran llamarla.

    Ante una afección, vicio o debilidad por algo; por ejemplo, si te asaltaba el demonio de la tristeza (como ellos lo describían), de querer abandonarlo todo, hacer lo no saludable para ti mismo; el consejo era claro: NO SALGAS DE TU CELDA. Hasta que no pase la tormenta, no salgas; en la celda vas a encontrar las respuestas que estas buscando, vas a poder resistir mejor, empoderarte, fortalecer tu ánimo, templar la actitud.

    La celda no solo es una cuestión de índole religiosa, de supervivencia, también es una dimensión política. Habría que ahondar en la postura de Carl Schmitt, lector de Heidegger, «…Esta es la sabiduría de la celda. Pierdo mi tiempo y gano mi espacio».

    Incluso, para los que gustan recitar frases de la Biblia, suele repetirse aquella de San Mateo, «…estuve en la cárcel y me visitaste». En la celda autoimpuesta, el monje (solitario) encuentra a Dios, no solo en su corazón/mente, sino en su contexto material de austeridad-exigencia-ascesis física.

  • Quién ríe último, ríe mejor

    En uno de los relatos de Kafka, «El silencio de las sirenas», referido al héroe griego en el viaje de regreso a su ciudad natal Ítaca; lo pueden chequear con IA en la Odisea de Homero.

    Siempre supimos, Ulises hábil con los ardides, se hace atar al mástil de la embarcación, ponerse cera en las orejas para no escuchar el canto de las sirenas……; esta vez la historia será distinta, no tuvo en cuenta un arma más jodida que el canto o el ruido acostumbrado de los perdedores, la música o la prepotencia del poder…; el silencio.

    Esto suele pasar cuando confrontamos con psicópatas (el psicópata cotidiano, nuestro entusiasta y simpático héroe/heroína de todos los días), es una acción efectiva, el contacto cero, la nada, nada de nada……; el violento o la violenta necesitan no perder contacto con la supuesta víctima que le sirve de complemento a su acrecentamiento de poder, le da sentido al disfrute torcido que tienen de la vida; son bichos que ya hicieron el trabajo y lo hicieron bien, se ocuparon de vos, charlaron, rieron, compartieron, sacaron toda la información necesaria para sorprenderte y golpear eficazmente.

    Pero el astuto Ulises esta vez no va a ganar, terminara mal, las sirenas se guardaron una letal a su favor y será cuestión de tiempo……….

  • Meden ágan

    Colgamos la toalla en el momento que nos sentimos satisfechos ¿Esto realmente es así? Es un pesar de todos los tiempos, hallarnos en esa zona de confort, que según tantos expertos de la actualidad hay que salir para superarnos, crecer. Los griegos antiguos supieron pensar la mesura; con más elaboración por parte de Aristóteles, el justo medio; lo que después fue espoliado por los cristianos y se lo denomino prudencia, una de las virtudes cardinales.

    Andar siempre con hambre, nunca saciados completamente, como vestir desentonando lo viejo gastado con lo nuevo reluciente, caminar y sacar el culo del auto; aplacar en algo la soberbia.