Autor: José Antonio Muhando

  • Lavando la ropa sucia

    Argentina, llena de socialistas, troskos, maoistas, guevaristas y peronchos; fue Quintela (con quién no comparto sus ideas), gobernador de La Rioja, el único que enfatizo tres veces: si hay que expropiar, vamos a expropiar. El resto solo habla de revoluciones colgados del Estado, cagones, guardianes del status quo, conservadores.

    ¿Qué busco decir? Mostrar nuestra Argentina de sectarios y facciones, que al final votan con el bolsillo y gobiernan sin animarse a nada. De ahí que Milei no tenga oposición.

  • Vuelta y vuelta

    Historias de vida que buscamos explicar, llegar a resultados medibles, el éxito o lo que llamamos éxito; los argentinos venimos remando años de decadencia, pareciera que los pocos que progresan, están bien, tienen poder adquisitivo, son aquellos que por sus capacidades la supieron ver y hacer, mejor que los demás.

    En realidad es gente con más suerte que otros, en determinados aspectos que le han permitido una ventaja a su favor.

  • Contala como quieras

    La fuente de los derechos de quienes tienen privilegios, viene de larga data, en Argentina fundamentalmente lo ha fijado el Estado con regulaciones, corrupción sistémica, mecanismos de funcionamiento institucionales, un plexo jurídico, las costumbres y creencias argentinas.

    Saber que todos no nos ganamos lo que somos, simplemente aprovechamos lo que otros creen de nosotros y de ellos mismos.Todo esto resulta un buen negocio para algunos, la mayoría de la gente se ajusta a este modelo de pensamiento que beneficia a unos pocos; en cierto sentido, se premia, se castiga, dando por supuesto la existencia de gente ganadora y por ende encima de los demás.

    La verdad es otra: nadie tiene necesidades que requieran menos atención que las tuyas o te deben a ti más consideración que a otros.

  • Genética

    «La suerte esta echada» y cruzo el río sagrado, palabras de Julio Cesar, general romano. Con el tiempo y la ciencia, aprendimos que si bien la suerte no está echada, pero sí bastante inclinada hacia una dirección; condiciones socioeconómicas de la familia en la que naciste, patrones de enfermedades…..; traducido al criollo: si no elegiste bien al nacer, hay altas probabilidades que andes cagado por la vida.

  • ¿Qué está pasando?

    Andar sufriendo por los niños sepultados bajo los escombros en Gaza, padecer por cada persona tirada en las calles de tu ciudad, angustiado por los pedofilos en pediatría de un hospital público…; tal vez estamos transitando una depresión.

    Es más normal estar en la nuestra, no tener empatía con los demás, no ver el dolor de otras personas; quizás un fármaco (de esos que usan con las ratas) nos devuelva la humanidad perdida. No lo sé.

  • Eso no está tan claro

    La preocupación social número uno es la seguridad, queremos estar protegidos de gente peligrosa (y también de los corruptos e incompetentes); escribí en otra entrada, ciertas vivencias de mi paso por la cárcel, cuando visitaba presos; tuve la certeza de que cualquiera podía estar en el lugar de otro y que afuera había mucha gente con suerte que le había salido barato lo que hace.

    Ninguna Comunidad logra demasiado en hacer sentir a otros que son lo peor de lo peor, que no tienen cura y están perdidos. Hay mucha mierda dando vuelta, la mayoría suele manejarla sin ser descubiertos; pero también, grandes capacidades que desarrollar, difíciles de hacerlas valiosas por el solo hecho de que aportan algo útil a los demás.

    ¿Cómo decirle a ese ingeniero que quemo años de su vida estudiando, privandose de jodas, que no es más que otros ni superior a nadie o mejor persona que los demás? No tengo claro cual sería el sistema de recompensas, reconocimientos, meritocracia, castigos, nociones de éxito, que aporten justicia, superación, un mundo mejor.

  • ¿Es esto realmente así?

    Como llegamos a ser lo que somos, carburar en nuestra capocha, en los términos que lo hacemos; la comodidad emocional de aceptar vínculos, causalidades, coincidencias, sin detenernos a pensar dos minutos. Lo fácil está en la mano y nos acostumbramos a eso, ayuda a explicar el mundo; somos esa clase de personas ante cosas (contextos, eventos) que aparecen, se juntan y las unimos de determinada manera.

    Quizás con sentarse a hablar y escucharnos, comprendamos que hay cosas que no tienen sentido; el odio y el resentimiento que desplegamos hacia otros nos hace muy vulnerables, perdedores.

  • Zona roja

    Un loco siempre esta armado hasta los dientes, literalmente es así y lo esta en diversos modos. Los contratos implícitos o no, que solemos tener con los demás y abundan rehenes de otros; el choque resulta inevitable, allí donde el mundo banal de algunos manosea lo que nunca debería haber tocado, la dignidad de las personas.

  • El club de los que la ven

    Posta, te levanta el ánimo, estar entre providas probalas, liberales libertarios, profesionales, «gente de bien», proteccionistas de animales, empresarios, juventud……; en otras palabras, gente linda. Ves unas diosas que te hacen sentir que formas parte del grupo de iluminados, Budas.

    No sé, quizás mis años, venir de otros tiempos, no cierra el Relato…; cuando aporrearon a Don Quijote de la Mancha en el suelo, aquellos presos que había liberado, quedo claro que no necesariamente la liberación esta unida a la libertad; el que más duro le pego fue un estudiante, bien leído, gran hablador, dejando en evidencia que esto de la libertad de expresión en manos de intelectuales unidos a delincuentes, no termina bien.

  • Hay algo ahí

    No son solo esos perros galgos. Tonos de voz, miradas, silencios, algunos gestos; señales de que no les llega agua al tanque, cierta locura en su expresión los delata. Más común de lo que creemos, interactuamos con personas de esta índole. Nada malo, sino detalles que pueden tornarse relevantes en situaciones especiales.

    He visto como en política los usan demasiado, Santa Fe me sorprendió al respecto, un manoseo de las discapacidades mentales que puede resultar peligroso y de consecuencias impredecibles. Algunos subestiman demasiado a estas personas, por ignorancia o prejuicios.

    Ellos también tienen olfato, son observadores de infinitadecimales evidencias que buscamos disimular, las cuales involuntariamente nuestro cuerpo muestra de algún modo.